𝑼𝒏 𝒂𝒏̃𝒐 𝒎𝒂́𝒔, 𝒑𝒐𝒓 𝑺𝒂𝒏 𝑨𝒏𝒕𝒐́𝒏 𝒆𝒏 𝑳𝒆𝒐́𝒏 (𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂), 𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒆𝒏 𝒗𝒂𝒍𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒕𝒓𝒂𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒅𝒂 ¡𝒀 𝒗𝒂𝒏 𝒄𝒂𝒔𝒊 20 𝒂𝒏̃𝒐𝒔![]()
El "Cotino" por tierras leonesas y otras, se relaciona con "San Antón" / San Antonio Abad como ofrenda bendecida para los animales. En algunos puntos de la península se guarda como talismán para dar suerte. Este tipo de bollín bajo este nombre se relaciona también con la fiesta de otro Antonio: el franciscano portugués y devotísimo San Antonio de Padua. Así como con el llamado "pan de San Antonio" -que tradicionalmente como obra pía recauda en esa fecha fondos cada año en las casas franciscanas con fin de asistencia social-. Y que se lleva también a bendecir en las multitudinarias misas de ese día, en junio, a cuyo fin se entrega un bollín que también se denomina cotino.
El fervudo es un típica y tradicional bebida invernal para los catarros: vino viejo, miel y orégano. Probablemente de origen romano, pues variantes se mantienen en la tradición de muchos puntos geográficos del que fuera su imperio. Por tanto, típico de muchos lugares de la provincia y de nombre más divulgado por la mitad occidental, la montaña y El Bierzo. Además de sus usos tradicionales, en el ejercicio de refolclorización de los actos de la capital leonesa por San Antón -modelo también secundado en Astorga para su puesta en valor-, se recuperaron tanto su nombre como su contexto de degustación socializada en momentos de crudeza invernal en exteriores, como son las hogueras.
La tradición de los cotinos
En recuerdo de la pasada fiesta de San Antonio Abad, de múltiples connotaciones entre el campesinado español, queremos dedicar nuestra secuencia semanal al viejo hospitalón del santo ermitaño, que durante nueve siglos ocupó el solar sobre el cual hoy se levanta la espléndida casa de Roldán, en la plaza de Santo Domingo, y las casas adyacentes al viejo consistorio municipal de San Marcelo. Enclave que se puede admirar en la bella maqueta adquirida por la Diputación Provincial, diseñada por el inolvidable farmacéutico, Emilio Salgado Benavides, tras cinco años de intensos y minuciosos trabajos, ubicada hoy en la Biblioteca Regional «Domínguez Berrueta». Fue creado nuestro hospital allá por finales del siglo XI, y desde su fundación por el Obispo Pelayo, hasta su demolición, por traslado, en el año 1922, estuvo bajo la administración directa del Cabildo y obispos legionenses. La lectura de los dos primeros artículos que componen el total de los estatutos aprobados en el año 1906, nos proporcionan datos concretos de cómo se regía esta institución benéfica: «Artículo 1º.- La administración de este hospital, que fundado en el siglo XI por el obispo y Cabildo ha atravesado nueve siglos en un estado próspero ajo u patronato y dirección, se ejerce por medio de un administrador de «Corpore Capituli», elegido alternativamente por el Prelado y Cabildo, de forma que una vez elige el Prelado solo y otra vez el Cabildo, sujetándose éste a las reglas consignadas para la elección de personas. Artículo 2º. «El cargo de administrador del hospital durará tres años y tanto el Prelado como el Cabildo podrán reelegir, pero por una sola vez, al anteriormente elegido, el cual no podrá ser reelegido por segunda vez, debiendo espera a que pase otro turno». Abadía de San Marcel En la época de su fundación, el hospital estuvo adscrito a la primitiva abadía de «San Marciel» -antecedente de la que más tarde hemos conocido con la misma titularidad del Santo Centurión, pero con el nombre castellanizado de San Marcelo-. Hasta 1531 se denominó con el apelativo de este santo leonés; pero en este año, el último abad de San Marcelo, don Guillén de Prates, de conformidad con el obispo y Cabildo, convinieron en extinguir aquella dignidad y que sus rentas se aplicasen al hospital, que se reconocería en lo sucesivo con el nombre de San Antonio Abad. Estaba en extramuros Como todos los establecimientos hospitalarios, se encontraba a extramuros de la ciudad, pero León había ido creciendo y poco a poco el viejo hospital quedaba integrado en el conjunto ciudadano, precisamente por la parte llamada a dispararse en el proyectado ensanche de la ciudad. El propio director-jefe de la clínica quirúrgica, Emilio Hurtado Merino, describía la situación del edificio, en una monografía publicada en diciembre de 1904, con el título de «Frutos del Hospital de León», de la manera siguiente; «El emplazamiento de este hospital, higiénicamente considerado, tal vez sería bueno en los tiempos de su fundación; pero hoy, es indiscutible que el edificio ocupa uno de los más impropios puntos de la ciudad, y que gracias al exquisito aseo, a la higiene y al orden que de todo género reina en su interior, es muy poca o nula la influencia que ejerce en la pública salud. Mas ante el considerable desarrollo que en la actual época ha adquirido esta ciudad, en la que está triplicado el número de habitantes que tuvo en la Edad Media y se aproxima a veinte mil, resulta que hoy el hospital de San Antonio Abad casi se halla en el centro de la población...» Pocos años más tarde, en 1911, la prensa leonesa recogía la noticia de una reunión en el Gobierno Civil, en la que el asunto central a tratar, era la conveniencia del traslado del hospital hacia otras zonas periféricas con pocas posibilidades de expansión. Once años después, desaparecía el multisecular hospitalón que dejaba vía libre a la nueva estructura de la plaza de Santo Domingo que todos conocemos. Por aquello de que León siempre fue un hito de renombre en la ruta compostelana, el hospital descrito se encontraba en cierta manera, encajado en la red de establecimientos de este tipo, que prestaban auxilio a los peregrinos; red que se había ido formando al amparo de la Orden de San Antón, que a propósito de velar por la higiene y cuidado de los romeros, debía su patronazgo al caballero don Gastón. Mal de ardientes Y como dieron en menudear los enfermos atacados de cierto morbo que las gentes llamaban «mal de ardientes», la benéfica orden estudió el origen de la inoportuna enfermedad, que se cebaba precisamente en los angustiados caminantes a Santiago. Pronto se detectó la coincidencia de que todos los atacados, habían comido pan de centeno -siglos más tarde se supo que esta enfermedad no era otra que el ergotismo producido por el hongo venenoso que parasita ciertas gramíneas, y que recibe el nombre de «Cornezuelo del Centeno»-. Por eso la Orden de San Antón, convencida del por qué de la enfermedad, acudió prestamente a su remedio, y a lo largo del Camino de Santiago se repartía el llamado «Pan de San Antón», que consistía en unos pequeños panecillos signados con la Cruz «Tau» y compuestos de harina de trigo, sin fermentos ni sal, que inmediatamente hacían efecto a los enfermos, al suprimir la ingestión de nuevas dosis de centeno parasitado. Hasta los Altos de la Nevera Y así llegaron a nuestros días los curiosos panecillos, que perdido ya el sentido de su primitiva aplicación terapéutica, comprábamos a la puerta del Hospital de San Antonio -trasladado ya a los Altos de la Nevera- con el ánimo de comerlos por tradición más que por gusto. Tradición que hoy mantiene la Iglesia de Navatejera a la salida de la Misa de San Antón, el día 17 de cada mes de enero. No son muchos aquellos que, actualmente, conocen la historia narrada por San Antón, el patrón de los animales, que fue uno de los primeros santos del cristianismo que marchó al desierto buscando a Dios. En sus horas de soledad, encontró la compañía de un cuervo que le entregaba diariamente un panecillo, motivo por el cual se ha considerado el patrón de los animales. Cada mes de enero se le recuerda con actos como el que a mediados de enero sirve para honrarlo.
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l SANTO EGIPCIO, QUE REPOSA EN FRANCIA Y LA TRADICIÓN DE LOS COTINOS DEL HOSPITAL DE SAN ANTONIO ABAD DE LEÓN - 1971
Hoy traigo unas fotografías que hice en el el Hospital de San Antonio Abad, con motivo de su Festividad, el 17 de enero de 1971. Estas imágenes se centran en la bendición de los "cotinos" y la veneración de la reliquia del santo.
Al mismo tiempo una breve reseña de San Antonio, de la Orden de los Antonianos y de cómo el "Pan de San Antón", "los Cotinos", puso remedio a una grave enfermedad.
Espero que sea de vuestro agrado.
SAN ANTONIO ABAD
San Antonio Abad, según la "Vita Antonii" de San Atanasio, nació hacia el año 251 en la aldea de Coma, al sur de Menfis (Egipto), de padres campesinos y acaudalados. Según cuenta la leyenda, en una Misa resonaron en él estas palabras de Jesús: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres”. Por ello, al morir sus padres vendió todos sus bienes, donó el dinero a los pobres y se consagró a la vida eremítica.
En sus horas de soledad, encontró la compañía de un cuervo que le entregaba diariamente un panecillo, motivo por el cual se ha considerado el patrón de los animales.
San Antonio Abad falleció en el año 356, probablemente a los 105 años de edad. Fue sepultado por sus discípulos en un lugar secreto, siendo su cuerpo milagrosamente hallado
dos siglos más tarde.
En el año 1070, las reliquias del Santo Ermitaño, son trasladadas desde Bizancio a Francia por un caballero francés, llamado Jocelyn, que las recibió del emperador como premio a su destacada participación en las Cruzadas.
El interés de este caballero francés por las reliquias de Antonio el Ermitaño, era debido a su curación, al parecer por intercesión directa del Santo, tras ser gravemente herido durante una batalla.
Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la ciudad de Saint-Didier (Francia).
En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia), construida para este fin, y donde se conservan hasta la fecha.
Al poco tiempo de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una enfermedad denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado”, "Fuego de San Antón" o “mal de los ardientes”, se extendió por toda la Europa medieval.
La epidemia fue descrita por las crónicas como una extraña "malatia", un castigo divino al causar profundos estados alterados de conciencia y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas.
Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión.
Uno de los afectados por el “Fuego de San Antón” fue el hijo de un noble llamado Gastón de Valloire, que ante la gravedad de su hijo, prometió al Santo que si éste sanaba fundaría un hospital, anejo a su iglesia, para la atención de afectados y mendigos.
Cumplió su promesa dando origen a la Orden Hospitalaria de San Antonio Abad, llamados popularmente Antonianos.
En los "Flores Sanctorum" de Villegas y Ribadeneira, de finales del siglo XVI, aparecen relatos de la vida, milagros y hechos prodigiosos atribuidos a San Antonio Abad.
Relata en ellos la razón de la aparición de la "Cruz Tau" y la imagen del cerdo de su iconografía:
“… el Tao con que pintavan á este Santo, denota, que por virtud de la Cruz alcanço vitoria de los demonios. Pintanle tambien á sus pies un puerco con una campanilla: y es la razon, porque en Francia, teniendose devocion grande con S. Antonio, por estar alli su cuerpo, acostumbraran en todas la piaras, y crias de puercos, señalar uno, poniendole una campanilla, para ofrecerle cierto dia; y estiman en tanto aquel puerco, que si le hurtan, sienten mas su perdida, que si les fuesen hurtados otros muchos; y este es el que pintan junto al Santo…”
Los monjes Antonianos disfrutaron de diversos privilegios reales que les permitió recorrer, exentos de tributos, y acompañados de puercos, campanillas, bacines y atabaques, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales, conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”, práctica que recorrió, durante varios siglos, las ciudades, villas y lugares de España
A partir del siglo XI, fue cuando su fama milagrosa, como sanador, se extendió entre el pueblo mediante la Orden Hospitalaria de los monjes Antonianos.
Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden por Alfonso VII en 1146 y hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos.
LOS COTINOS (PAN DE SAN ANTÓN) COMO REMEDIO DEL "MAL DE LOS ARDIENTES"
El mal que había afectado a finales del siglo XI se extendío a través de las peregrinaciones.
Habiendo notado, los monjes Antonianos, que había gran cantidad de enfermos atacados de cierto morbo que las gentes llamaban «mal de ardientes», la Benéfica Orden Hospitalaria de los monjes estudió el origen de la inoportuna enfermedad, que se cebaba, precisamente, en los angustiados caminantes a Santiago y encontró la causa.
Todos los atacados por el mal, habían comido pan de centeno -siglos más tarde se supo que esta enfermedad no era otra que el ergotismo producido por el hongo venenoso que parasita ciertas gramíneas, y que recibe el nombre de «Cornezuelo del Centeno»-.
La Orden de San Antón, conociendo ya el por qué de la enfermedad, acudió prestamente a su remedio, y a lo largo del Camino de Santiago repartieron el llamado «Pan de San Antón», que consistía en unos pequeños panecillos signados con la Cruz «Tau» y compuestos de harina de trigo, sin fermentos ni sal, que inmediatamente hacían efecto a los enfermos, al suprimir la ingestión de nuevas dosis de centeno parasitado.
Y así llegaron a nuestros días los curiosos panecillos, que perdido ya el sentido de su primitiva aplicación terapéutica, comprábamos a la puerta del Hospital de San Antonio -trasladado ya a los Altos de la Nevera- con el ánimo de comerlos por tradición más que por gusto.
EL HOSPITAL DE PEREGRINOS DE LEÓN
Por aquello de que León siempre fue un hito de renombre en la ruta compostelana, el hospital se encontraba en cierta manera, encajado en la red de establecimientos de este tipo, que prestaban auxilio a los peregrinos; red que se había ido formando al amparo de la Orden de San Antón, que a propósito de velar por la higiene y cuidado de los romeros, debía su patronazgo al caballero don Gastón.
El viejo hospitalón del santo ermitaño, San Antonio Abad, durante nueve siglos ocupó el solar sobre el cual hoy se levanta la espléndida casa de Roldán, en la plaza de Santo Domingo, y las casas adyacentes al viejo consistorio municipal de San Marcelo.
En la época de su fundación, el hospital estuvo adscrito a la primitiva abadía de «San Marciel» -antecedente de la que más tarde hemos conocido con la misma titularidad del Santo Centurión, pero con el nombre castellanizado de San Marcelo-.
Hasta 1531 se denominó con el apelativo de este santo leonés; pero en este año, el último abad de San Marcelo, don Guillén de Prates, de conformidad con el obispo y Cabildo, convinieron en extinguir aquella dignidad y que sus rentas se aplicasen al hospital, que se reconocería en lo sucesivo con el nombre de San Antonio Abad.
Fue creado nuestro hospital allá por finales del siglo XI, y desde su fundación por el Obispo Pelayo, hasta su demolición, por traslado, en el año 1922, estuvo bajo la administración directa del Cabildo y obispos legionenses.
Los estatutos aprobados en el año 1906, nos proporcionan datos concretos de cómo se regía esta institución benéfica a principios del siglo XX:
«Artículo 1º.- La administración de este hospital, que fundado en el siglo XI por el obispo y Cabildo ha atravesado nueve siglos en un estado próspero bajo un patronato y dirección, se ejerce por medio de un administrador de «Corpore Capituli», elegido alternativamente por el Prelado y Cabildo, de forma que una vez elige el Prelado solo y otra vez el Cabildo, sujetándose éste a las reglas consignadas para la elección de personas.
Artículo 2º. «El cargo de administrador del hospital durará tres años y tanto el Prelado como el Cabildo podrán reelegir, pero por una sola vez, al anteriormente elegido, el cual no podrá ser reelegido por segunda vez, debiendo espera a que pase otro turno».
Como todos los establecimientos hospitalarios, se encontraba a extramuros de la ciudad, pero León había ido creciendo y poco a poco el viejo hospital quedaba integrado en el conjunto ciudadano, precisamente por la parte llamada a dispararse en el proyectado ensanche de la ciudad.
El propio director-jefe de la clínica quirúrgica, Emilio Hurtado Merino, describía la situación del edificio, en una monografía publicada en diciembre de 1904, con el título de «Frutos del Hospital de León», de la manera siguiente:
«El emplazamiento de este hospital, higiénicamente considerado, tal vez sería bueno en los tiempos de su fundación; pero hoy, es indiscutible que el edificio ocupa uno de los más impropios puntos de la ciudad, y que gracias al exquisito aseo, a la higiene y al orden que de todo género reina en su interior, es muy poca o nula la influencia que ejerce en la pública salud.
Mas ante el considerable desarrollo que en la actual época ha adquirido esta ciudad, en la que está triplicado el número de habitantes que tuvo en la Edad Media y se aproxima a veinte mil, resulta que hoy el hospital de San Antonio Abad casi se halla en el centro de la población...»
Pocos años más tarde, en 1911, la prensa leonesa recogía la noticia de una reunión en el Gobierno Civil, en la que el asunto central a tratar, era la conveniencia del traslado del hospital hacia otras zonas periféricas con pocas posibilidades de expansión.
Once años después, en 1922, desaparecía el multisecular hospitalón que dejaba vía libre a la nueva estructura de la plaza de Santo Domingo que todos conocemos.
FUENTES:
LA TRADICIÓN DE LOS COTINOS
https://www.diariodeleon.es/.../20070226010000887591.html
LOS COTINOS
https://etnoleon.blogspot.com/search/label/Cotinos
San Antonio Abad y el Hospital de Beneficencia de León
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2380051.pdf
LA CRUZ TAU
https://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_de_tau
“Mañana celebrará el Hospital Provincial de San Antonio Abad su fiesta patronal con misa solemne y reparto de los clásicos «cotinos» o bollos benditos” (1).
“El pan de San Antón cerró el programa de celebraciones por la onomástica del santo, que ayer [13 de enero] bendijo a los cientos de animales de compañía que acudieron a la cita con la protección de su venerado. Panecillos de San Antón, característicos por la ausencia de sal en la receta, por la escasa fermentación y por acompañarse de los sinsabores del frío invernal. Así de forma secular” (2).
La herradura, como se sabe, es un símbolo de la suerte y un amuleto protector contra el Mal. La explicación de sus virtudes puede estar, por una parte, en la creencia antigua de que el hierro es metal de influencias benéficas y por otra, en el simbolismo religioso ancestral que encierra la herradura, por su semejanza con el creciente o media luna, representación de la divinidad (24).
NOTAS
(1) La Luz de Astorga, 16 de enero de 1957.
(2) LÓPEZ, R.: “Benditos animales”, en Diario de León, 14 de enero de 2008.
(3) SUÁREZ, H. L.: “¡Qué viva San Antón!”, en Diario de León, 17 de enero de 2009, p. 6.
(4) Informó María del Sagrario Cristiano, de Vega de Infanzones (julio, 2008).
(5) ALONSO PONGA, J. L.: “Manifestaciones populares en torno a San Antón en algunas zonas de Castilla y León”, en Revista de Foklore, nº 2, 1981, pp. 3–10.
(6) Informó Lourdes Lozano, de Las Grañeras (julio, 2008) y datos de ALONSO PONGA, J. L. op. cit.
(7) DOMINGO, A.: “Una cofradía con rebaño y pan bregado”, en Diario de León, 18 de enero de 2008.
(8) “La cofradía de San Antonio Abad celebra su fiesta anual”, en Diario de León, 20 de enero de 2007.
(9) Informaron Javier Rodríguez, María Cruz Morán, José Luis Morán, María del Carmen Martínez y José Chamorro, de Villademor de la Vega (julio, 2008).
(10) FRAZER, J. G.: La rama dorada.Fondo de Cultura Económica. México, 2ª edn, 12ª reimpresión, 2003, pp. 691, 697 y 701. Así por ejemplo respecto a los rescoldos recogidos en las hogueras del solsticio de verano, en la Alta Baviera (Alemania), nos dice el autor: “Muchos labradores en ese día apagaban la lumbre de su hogar y lo volvían a encender por medio de tizones y brasas cogidos de la hoguera”. Dichos tizones servían para proteger las casas de los rayos y si se esparcían por los campos aumentaban la fertilidad de los cultivos, sirviendo además, para facilitar el crecimiento del ganado.
(11) Ver por ejemplo DE HOYOS SAINZ, L. y DE HOYOS SANCHO, N.: Manual de Folklore, Manuales de la Revista de Occidente, Madrid, 1947, p. 186 y TABOADA CHIVITE, X.: Ritos y creencias gallegas, Gráficas Magoygo, A Coruña, 1982, p. 244. Este último autor habla de las hogueras que se encendían en Galicia en las festividades de San Mauro (15 de enero), San Antón y La Candelaria.
(12) Informaron Emeterio Escapa (Lugán) y María Cruz Morán (Villademor de la Vega). Datos recogidos en julio de 2008.
(13) Informó María Luisa Garmón, de Valdefuentes del Páramo (junio, 2008).
(14) Informó María del Sagrario Cristiano, de Vega de Infanzones (julio, 2008).
(15) Informó Julia González, de Solana de Fenar (julio, 2008).
(16) Informó Serapia Mencía, de Las Grañeras (julio, 2008).
(17) FRAZER, J. G.: Op. cit., pp. 717–720.
(18) CAMPOS, M. y PUERTO, J. L.: El tiempo de las fiestas. (Ciclos festivos en la comarca leonesa de Rueda). Excma. Diputación Provincial de León, León, 1994, pp. 40–43.
(19) Informó Amor Barrientos, de Villacidayo (julio, 2008).
(20) Informó Eusebia Solís, de Valdepolo (julio, 2008).
(21) Informó Milagros Díez, de Devesa de Curueño (julio, 2008).
(22) Informó Emeterio Escapa, de Lugán (julio, 2008).
(23) RÚA ALLER, F. J. y RUBIO GAGO, M. E.: La piedra celeste. Creencias populares leonesas, Excma. Diputación Provincial de León, León, 1986, pp. 179–180. De forma similar, en la Montaña de Boñar, las herraduras se clavaban en las puertas para impedir el paso de las hechiceras o de [a] los males que pudieran producir. Asimismo, se solían colocar en las chimeneas de las viviendas, por ser éste el lugar por donde se suponía que penetraban las brujas.
(24) Para mayor información sobre la superstición de la herradura y su representación en determinadas rocas de la provincia leonesas, ver: RÚA ALLER, F. J.: “Piedras de ferradura”, en Diario de León, 15 de noviembre de 1985, p. 32.



















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